Hoy, tras el resultado electoral en Castilla y León, he realizado un repaso por los titulares de prensa. En su mayoría, todos coinciden en la victoria del PP, la ausencia de mayoría absoluta y necesidad de apoyo de Vox para gobernar. La victoria de Mañueco es condición necesaria pero insuficiente para gobernar. Necesita, por tanto, de otra fuerza política para que la aritmética parlamentaria juegue a su favor. Un pacto antinatura entre el PP y PSOE evitaría el tropiezo con los fracasos del pasado. La coalición de derechas, durante el periodo 2022-2024, no fue una buena idea. Las discrepancias ideológicas, en los polos del espectro, sepultó a Mañueco a gobernar en solitario. Así las cosas, Carlos Martínez – alcalde de Soria – se convierte en una pieza clave para la gobernabilidad leonesa. Aún así, una gran coalición a la alemana, o dicho de otro modo, un pacto antinatura sería comida para hoy y hambre para mañana. Comida, como les digo, porque evitaría que Mañueco tropezara con los errores del pasado. Hambre, porque perjudicaría a Feijóo en su cruzada contra Sánchez.
Sea como sea, tanto PP como PSOE han ganado votos con respecto a la anterior legislatura. El voto útil ha surtido efecto junto al personalista. La figura de Carlos Martínez ha calado en un votante racional que vota en clave municipal. Los intereses de la tierra han prevalecido sobre las siglas del partido. Carlos ha conseguido desbancar a las izquierdas. Su resultado abre la veda para la esperanza socialista. Estamos ante una realineación del voto progresista en beneficio de opciones de centro izquierda. Dicho de otra forma, el PSOE atesora los votantes que, durante una década, emigraron a opciones más radicales. Por otra parte, Mañueco no ha atraído a votantes de la ultraderecha. La subida de Vox justifica el argumento. Los votantes del PP proceden de partidos desparecidos, como Ciudadanos, y de votantes que se abstuvieron en las pasadas elecciones. Existe, por tanto, una triple subida de votos – PP, PSOE y VOX – que sirve de reestructuración de la coyuntura política con respecto al multipartidismo reciente.
Analizados los resultados, podemos establecer ciertas aproximaciones futuras. La caída de la izquierda radical, la desaparición de Ciudadanos y la consolidación de Vox, nos sitúa ante un tripartidismo similar al que tuvo España en la década de los noventa. Si antes competían PP – unificado – frente a una izquierda fraccionada – PSOE e IU -, ahora asistimos a una derecha fraccionada frente a una izquierda reunificada y abanderada por los socialistas. Esta nueva situación sitúa, en clave nacional, a Sánchez en clara ventaja con respecto a Feijóo. Por mucho que se esfuerce el líder del PP, la cuota de mercado – que ostenta Abascal – es lo suficientemente extensa para no ser fogocitada de buenas a primeras. Por tanto, el tripartidismo perjudica – y mucho – a las filas del gallego. El PP se halla en una encrucijada. Si baila con Vox, corre el riesgo de espantar a aquellos votantes procedentes del difunto Ciudadanos. Si decide moderar su discurso, corre el peligro de caer en la ambigüedad ideológica y activar el voto útil en beneficio del sanchismo.










